✨ El ritmo lento de Las Galeras: donde el tiempo se expande y el alma descansa
- Sergio Boshetti

- 11 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Hay lugares que no se visitan… se sienten.Lugares que no te piden nada, que no te exigen ser mejor, más productivo o más fuerte. Lugares donde, apenas llegas, el cuerpo baja los hombros, la respiración se hace más profunda y la mente —esa que a veces corre sin freno— finalmente se queda en silencio.
Para mí, Las Galeras es exactamente eso. Un pequeño rincón del mundo donde el tiempo se estira, como si tuviera el poder de darte más espacio entre un pensamiento y el siguiente. Aquí no hay prisa. Nadie te persigue. La vida sigue un ritmo propio… uno que, si lo permites, también empieza a latir dentro de ti.
Por la mañana, me despierto con el sonido de los gallos y del mar. No son alarmas, no son autos, no es el caos artificial al que todos estamos acostumbrados. Es naturaleza pura, recordándome que la vida siempre ha sido simple, y que somos nosotros los que la complicamos.
Camino descalza, siento la tierra tibia bajo los pies, y dejo que el aire húmedo me acaricie el rostro. Y cada día me sorprende cómo este lugar consigue devolverme una parte de mí que creía perdida.
En Las Galeras el tiempo no corre… se abre.
Se abre para que puedas mirarte hacia adentro, respirar con calma, escuchar tus propios pasos sin ruido alrededor. Los colores también parecen moverse con más suavidad: el azul turquesa que juega con la luz, el verde profundo de las montañas que bajan hasta el mar, y ese dorado cálido que aparece en los momentos más inesperados, como un abrazo silencioso.
La gente aquí no actúa: es auténtica.Te sonríen sin agenda, te preguntan cómo estás y realmente esperan una respuesta. Te ofrecen café, te invitan a sentarte, te hacen sentir parte de algo. Y creo que es gracias a ellos —y a esta tierra tan viva— que aprendí a dejar de correr, a soltar la necesidad de demostrar y a permitirme simplemente ser.
A quienes llegan aquí por primera vez, siempre les pasa lo mismo:al segundo o tercer día, empieza a cambiar la respiración.Se nota en los ojos, en el cuerpo, en el tono de la voz.Y entonces lo entiendo: no soy yo la que transmite calma…es Las Galeras que actúa a través de nosotros.
Quizás por eso nuestro residence no nació para ser un hotel, sino un refugio.
Un lugar donde puedas sentirte en casa mientras descubres que la verdadera riqueza no está en lo que acumulas, sino en lo que te permites experimentar: silencio, naturaleza, presencia, serenidad.
Si estás leyendo esto desde una ciudad o desde un ritmo de vida acelerado, te quiero decir algo con el corazón en la mano:existe un lugar donde puedes volver a respirar de verdad.Y no tienes que hacer nada extraordinario… solo llegar con apertura.
Aquí te espero, en este rincón que me devolvió calma, raíces y claridad.Quizás también tengas algo que reencontrar.
Con cariño,
Franca Maria – Co-Host )0(









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